Diogo Alvez, el asesino del Acueducto

Diogo Alves, mejor conocido como el “asesino del acueducto” y considerado como el primer asesino serial de Portugal, cuya cabeza se mantiene en un frasco con formol en la universidad de Medicina de Lisboa.
Diogo de nacionalidad Española, emigró muy joven de su ciudad natal luego a Lisboa, en busca de nuevas oportunidades para una vída mejor, inicio trabajando como peon en casas de adultos mayores adinerados pero pronto se canso de la mala remuneración y se dio cuenta de que una vida criminal sería mucho más rentable.
Diogo Alves perpetró sus crímenes entre 1836 y 1839, en la región del Aqueduto das Águas Livres, al principio las autoridades confundieron los asesinatos con suicidios, tal y como quería el delincuente, porque el acueducto y sus 65 metros de altura que alcanza en su punto más elevado, era un lugar al que solían acudir quienes querían poner fin a sus vidas pero pronto se dieron cuenta de que aquella ola de suicidios no era normal y empezó a correr el rumor sobre un asesino, los Lisboetas comenzaron a asustarse y se encerraban en sus casas de noche por el miedo a ser asaltados y asesinados, con casi un kilómetro de longitud, el acueducto, se extendía por todo el valle de Alcântara, lo que permitía que tanto el agua como los habitantes llegaran a la ciudad y es ahí donde Alves llevó a la muerte a casi una centena de agricultores que regresaban de vender lo que cosechaban, despojándoles del poco dinero que tenían para luego arrojandoles al vacío simulando un suicidio, en esas fechas el criminal no había sido descubierto, pero su ambición por conseguir más ganancias, lo llevaron a asaltar casas habitación de gente acaudalada y fue hasta que asaltó y mató a un prestigioso médico y a su familia lo que puso fin a su carrera como asesino, ya que esté hecho fue el que condujo a las autoridades portuguesas a su captura y fue sentenciado a morir en la horca el 19 de febrero de 1841.

La historia de Diogo Alves intrigó a los científicos de la Escuela de Medicina de Lisboa, quienes estaban asombrados por su crueldad y vileza, que después de su ejecución, y con el ánimo de estudiar y analizar las raíces de su maldad, conservaron su cabeza, ya que se creía que dentro del cerebro de los asesinos existía un órgano del crímen y motivados por sus declaraciones es que decidieron conservarla para su estudio.
Alves confesó que nunca se había arrepentido de haber cometido un asesinato, solo sintió un poco de remordimiento después de matar a un bebé que estaba llorando mucho y justo antes de quitarle la vida, el infante le sonrió, fue allí donde sintió una gota de arrepentimiento.
En la actualidad, aún se conserva la cabeza de Diogo en un recipiente de vidrio.
Imagínate caminando por un largo pasillo y encontrar en un estante solitario la cabeza de un asesino serial conservada en formol… Difícil de creer, ¿verdad?