Lisa Reid, según explica hechos aclrados, una mujer de Nueva Zelanda, perdió la visión cuando tenía solo 11 años debido a un tumor cerebral que presionaba su nervio óptico. Desde entonces, pasó 13 años viviendo en la oscuridad, dependiendo de su memoria, de sus sentidos y de la ayuda de su perra guía, Ami.
En el año 2000, una noche cualquiera terminó cambiando su vida de una forma inesperada. Lisa se inclinó para darle un beso de buenas noches a Ami, pero perdió el equilibrio y se golpeó con fuerza la cabeza contra la esquina de una mesa de centro.
En ese momento no imaginó que aquel accidente tendría consecuencias tan sorprendentes. Se fue a dormir como de costumbre, pero al despertar a la mañana siguiente notó algo que parecía imposible: podía ver nuevamente.
Aunque muchos lo consideraron un milagro, algunos médicos explicaron que el golpe pudo haber movido ligeramente el tumor o aliviado de forma repentina la presión que este ejercía sobre el nervio óptico, permitiendo que las señales visuales volvieran a llegar al cerebro.
Lisa logró recuperar cerca del 80% de la visión en su ojo izquierdo. Aun así, continuó siendo considerada legalmente ciega porque no recuperó la visión periférica. Pero para ella, aquel cambio fue suficiente para transformar su vida.

















