Durante siglos, según explica Redes LGBT, la imagen de un sacerdote estuvo asociada al celibato y al silencio sobre la diversidad sexual. Sin embargo, Keith y Kevin decidieron vivir su fe sin renunciar al amor.
Su historia comenzó en 2014, durante una peregrinación a Tierra Santa. Ambos eran sacerdotes y guiaban grupos de fieles de sus respectivas iglesias hacia el Mar de Galilea cuando el destino los sentó en el mismo autobús. Lo que empezó como una conversación terminó convirtiéndose en una historia de amor.
Desde entonces, llevan más de una década ejerciendo el ministerio religioso y en 2016 sellaron su compromiso con un matrimonio que desafió prejuicios dentro y fuera de los ámbitos religiosos.
Hoy viven en Rockville Centre, Nueva York, donde crían a su hijo Robbie, de cuatro años, quien llegó a sus vidas mediante fecundación in vitro (FIV) y gestación por sustitución.
Antes de tomar esa decisión analizaron la adopción y la gestación subrogada. Finalmente eligieron este último camino. La pandemia de COVID-19 les recordó que la vida puede cambiar de un momento a otro y entendieron que no querían seguir postergando el sueño de formar una familia.
Pero la historia de Keith y Kevin va mucho más allá de cómo nació su hijo.
Ellos siguen ejerciendo como sacerdotes y afirman que la mayor alegría de su vida es ver crecer a Robbie, descubrir el mundo y convertirse en la persona que está destinado a ser. Entre el trabajo pastoral, la crianza y la vida en pareja, aseguran que hacen un esfuerzo consciente por cuidar a su familia todos los días
También destacan el enorme apoyo que recibieron de sus familias, amistades y comunidades religiosas, demostrando que la fe y la diversidad no son incompatibles.
A Robbie le enseñan una lección sencilla pero poderosa: todas las familias son diferentes. Algunas tienen una mamá y un papá, otras dos mamás, otras dos papás. Lo importante nunca fue la composición familiar, sino el amor, el cuidado y el compromiso.

















