Orígen del entierro a dos metros bajo tierra

Esta tradición se remonta hace muchos años e inclusive podemos encontrar algunos rastros desde mediados de los años 1600 resurgiendo finalmente en mediados de 1800 durante la Gran Plaga de Londres. Esta última gran epidemia del Reino Unido afectó al 20% de su población que estaba atrapada por la peste bubónica.

Durante su permanencia, esta peste había producido una tasa de mortalidad insólita hasta ese momento: 8.000 personas morían por semana. Las autoridades municipales desconcertadas ante esta enfermedad comenzaron a observar cómo los comerciantes y profesionales ricos huían de la ciudad dejando sólo un pequeño número de clérigos, médicos y boticarios que atendían a los pobres.

A pesar de las suposiciones médicas de que esta plaga se debía a la suciedad, la miseria y la mala nutrición de los residentes pobres de Londres, el alcalde John Lawrence temía que fueran los muertos enterrados dentro de las propiedades de las parroquias locales y los responsables de propagar esta plaga, ya que Se trataban de tumbas que se encontraban a escasa profundad del suelo por lo que las posibilidades de expedir sustancias y tóxicas eran sumamente mayores.

“Ante esta emergencia sanitaria, el alcalde promulgó, una serie de normas para limitar el brote de esta plaga que incluía una normativa para que todos los entierros fueran realizados con un mínimo de dos metros de profundidad.”

Finalmente la plaga no pudo detenerse frente a esta nueva reglamentación y el Consejo Privado de Londres emitió nuevas órdenes en la que prohibía que los entierros de las futuras víctimas de la peste fueran realizadas en las iglesias parroquiales y los pequeños cementerios. Prohibiendo absolutamente la apertura de tumbas a menos de un año después de su entierro.

Sin embargo, esta peste no fue la única responsable. También la medicina del siglo XIX trajo consigo la popularidad de los anatomistas que solicitaban cadáveres para su investigación por lo que este incremento de la demanda de restos humanos provocó el robo de cadáveres para venderse luego al departamento de patología. Frente a estos crecientes robos, y también por qué en algunas ocasiones los cuerpos eran desenterrados por algunos animales como perros, gatos y otros más, las demandas de los familiares de los fallecidos no se hizo esperar, para que sus seres queridos sean enterrados a seis pies de profundidad. Y así reanimó una tradición que había tenido su origen en una trágica enfermedad. Fuente: Terror RT