Aplicar calor local para aliviar el dolor menstrual es una práctica que se ha utilizado desde la antigüedad.
En distintas culturas se han documentado dispositivos como bolsas metálicas o recipientes calentados con agua o brasas que se colocaban sobre el abdomen para reducir los espasmos y la sensación dolorosa durante la menstruación.
Estas formas de cuidado formaban parte del saber popular y del autocuidado de las mujeres mucho antes de que existiera la medicina basada en la evidencia.
¿Por qué puede ayudar el calor?
El calor local ayuda a relajar la musculatura del abdomen y a reducir la tensión, lo que contribuye a disminuir el dolor asociado a los espasmos o contracciones uterinas.
Además, puede aumentar la circulación sanguínea pélvica y favorecer el drenaje de líquidos, reduciendo la congestión y la hinchazón de la zona. Esto también puede contribuir a aliviar el dolor cuando existe presión o compresión sobre las terminaciones nerviosas.
¡Qué dice la evidencia científica?
La evidencia disponible en la actualidad respalda que la aplicación de calor local es una opción segura, accesible y eficaz como abordaje no farmacológico del dolor menstrual, especialmente como complemento o alternativa en mujeres que no desean o no pueden utilizar antiinflamatorios (AINEs). © soyxusasanz
🖼️ Imagen histórica: Botella de agua caliente de peltre fabricada en Francia (c. 1751–1810). Su diseño curvado permitía adaptarse al cuerpo para aplicar calor local sobre el abdomen durante el dolor menstrual. (Colección patrimonial londinense).


















