Francisco García Escalero, “El asesino de mendigos”

Francisco García Escalero (Madrid 24 de mayo de 1954 – Alicante 19 de agosto de 2014) conocido como “el matamendigos” o el “asesino de mendigos” fue un asesino en serie, que practicaba la necrofilia y el canibalismo. En 1996, la Audiencia Provincial de Madrid declaró probados los asesinatos de 11 personas, si bien le fue aplicada la eximente de responsabilidad penal por enajenación mental, al concurrir en él según los psiquiatras forenses, esquizofrenia, alcoholismo, necrofilia, etc. Por esta razón resultó absuelto de sus delitos pero fue internado en el psiquiátrico penitenciario de Alicante.

Nació en Madrid en 1954. Demostró ser un niño reservado y solitario, que le gustaba pasearse por los nichos de cementerio durante la noche. También es característico de su personalidad su poca formación (apenas fue a la escuela) y con una precaria salud. De hecho, en seguida se notaron sus impulsos suicidas lanzándose a los coches. Este comportamiento irritaba a su padre, quién a menudo le correspondía con brutales palizas.

En 1970, García Escalero ingresa en el psiquiátrico. En ese ambiente empieza a cometer los primeros delitos (pequeños hurtos) a la vez que exploraba casas abandonadas y espiaba a mujeres y parejas por la ventana mientras se masturbaba. Tres años después, sería ingresado en un reformatorio por robar una motocicleta y, al salir de allí, comete su primer delito de importancia: junto a unos amigos atraca a una pareja en las inmediaciones del cementerio de la Almudena. Violan a la joven en presencia de su novio, por lo que fue condenado a 12 años de cárcel. Durante esa temporada en la prisión se cubre el cuerpo con tatuajes, algunos con frases tan significativas como: “Naciste para sufrir”.

Al salir de la reclusión, se aficiona a la bebida y a la toma de pastillas, por lo que a veces muestra un comportamiento agresivo y muy violento. En el aspecto psiquiátrico, empieza a sufrir alucinaciones auditivas, una serie de voces que le piden que cometa nuevos crímenes y que profane cementerios. Estas alucinaciones provocaron la personalidad asesina de García Escalero. Su primera víctima es Paula Martínez, una prostituta toxicómana con la que contacta en Madrid. En agosto de 1987, Paula aparece en las afueras de Madrid decapitada y carbonizada.

A partir de aquí subiría la brutalidad de los crímenes y sus actitudes asesinas son cada vez más atroces. García cose los cuerpos a cuchilladas por la espalda, les machaca el cráneo con piedras o los decapita sin más, a algunos incluso les saca las vísceras o el corazón con una navaja (a veces incluso probando un bocado de estas partes mutiladas). Posteriormente, para borrar el rastro, quemaba lo que quedaba de los cadáveres y les cortaba las yemas de los dedos.

A veces, tras asesinar, practicaba actos de necrofilia con sus víctimas.
Otras, para profanar las tumbas, saltaba las tapias de la Almudena, rompía algún nicho, sacaba un cuerpo de la fosa y abusaba sexualmente de él.

Los asesinatos de García se seguirían sucediendo. En marzo de 1989, un mendigo llamado Ángel, aparece semidecapitado y con las yemas de los dedos amputadas. Dos meses después, en mayo, un indigente de 65 años por nombre Julio, aparece con el cuerpo cosido a puñaladas, el pene amputado y su cuerpo carbonizado. Sus siguientes cinco víctimas aparecen también mutiladas, quemadas y decapitadas.

La investigación criminal no encuentra solución a este macabro rompecabezas hasta que pasados siete años desde el primer crimen, la policía se pone en la pista cuando Francisco y su amigo y compañero de correrías Víctor Luis Criado se fugan juntos del hospital psiquiátrico Alonso Vega de Madrid. Juntos se dedican a beber. Cuarenta y ocho horas más tarde, Víctor aparece muerto con el cráneo hundido, quemado entre papeles y mantas en la tapia de la iglesia de los Sagrados Corazones. Después de otros cinco años cometiendo nuevos asesinatos, un día las voces que oye en su delirio le incitan a suicidarse. Aunque se arroja contra un coche, sólo se fractura una pierna. Una vez en el hospital, confiesa sus crímenes a las enfermeras y les suplica que le detengan para evitar que siga matando.

Fue juzgado en febrero de 1995. El informe de todos los forenses coincidió en que su peligrosidad continuaba, pero no era responsable de sus actos, el mendigo asesino fue absuelto por enajenación mental, producto de su alcoholismo crónico y su esquizofrenia. Pasó a la prisión de Fontcalent donde los trabajadores siempre dijeron que tenía un trato amable y nunca volvió a mostrarse violento.

Francisco García Escalero muere en la prisión de Fontcalent tras ir a un reservado de la sala común de la prisión con una ciruela, postre de la cena. Previa autopsia no se puede saber si fue un paro cardíaco o un atragantamiento.