Jack el Destripador, el primer asesino en serie

A fines del siglo XIX, el barrio londinense de Whitechapel vivió inmerso en el terror absoluto: un asesino en serie recorría sus calles sin poder ser identificado. Se lo conoció, al cabo, por el modo en el que cometía sus crímenes y un único nombre en una carta que entregó a la prensa: Jack el Destripador.

Al menos cinco homicidios le fueron atribuídos, aunque se sospechan que fueron muchos más. Todos ellos con un par de denominadores comunes: uno de ellos, la violencia y brutalidad de sus acciones (cortes en la garganta, mutilaciones en las áreas genital y abdominal, extirpación de órganos y desfiguración del rostro); el otro, que todas ellas eran mujeres que se dedicaban a la prostitución. Entre todos esos asesinatos hubo uno que generó pánico por encima de todos los otros: el de Mary Jane Kelly, de 25 años. El asesinato más atroz de Jack el Destripador.

Todo sucedió entre la noche del 8 de noviembre de 1888 y la mañana siguiente. En el departamento que Kelly tenía alquilado en la calle Dorset, tras varios meses de aparente tranquilidad, el “monstruo de Londres” había vuelto a atacar.

El cuerpo de la mujer fue descubierto por Thomas Bowyer, un militar retirado y empleado de John McCarthy, el dueño del inmueble, quien había ido al departamento para pedirle a Kelly el pago del mes. Tras tocar varias veces la puerta sin recibir respuesta alguna, Bowyer se asomó a una de las ventanas y vió un panorama perturbador: el cuerpo de la prostituta, desmembrado, yacía sobre la cama, y la habitación estaba llena de sangre. Según la autopsia, detallada por el diario español ABC, el asesinó atacó a la joven de frente (algo que no solía hacer) propinándole un corte en la garganta que provocó su muerte. Después, le clavó en varias ocasiones el arma en la cara que llegaron hasta los huesos del cráneo. Como si le faltaba algo, decidió cortarle la nariz y las orejas. Y le extirpó el corazón, algo que se piensa que nunca antes había hecho.

“La cara mostraba cortes en todas direcciones; el cuello se cortó hasta las vértebras (…) los senos se extrajeron mediante incisiones cuasi circulares (…) tórax visible a través de los cortes; abdomen extraído; (…) la parte inferior del pulmón derecho, arrancada; pericardio abierto y corazón ausente”, escribió.

“El cuerpo yacía desnudo en mitad de la cama después de que le hubieran extraído toda la superficie del abdomen (…), vaciado la cavidad abdominal de sus vísceras (…) más allá del reconocimiento de sus rasgos”, continuó.

Y concluyó: “Las vísceras se encontraron en varias partes, a saber: el útero, los riñones y un seno, debajo de la cabeza; el otro seno cerca del pie derecho; el hígado entre los pies; los intestinos por el lado derecho (…) La pared del lado derecho de la cama estaba marcada por la sangre después de que esta la hubiera salpicado varias veces”.

Los crímenes cometidos por Jack el Destripador dirigieron la atención hacia el bajo nivel de calidad de vida imperante en el East End en aquellos años, ocasionado por sus barrios bajos superpoblados e insalubres. Si bien varios de estos barrios fueron desalojados y demolidos, todavía se preservan algunas de sus calles y edificaciones que suelen ser visitados por turistas interesados en el mito del Destripador.