Depresión y soledad. Lo que despierta la pandemia

Mucho antes de que el coronavirus apareciera sobre la faz de la Tierra, una fue declarada epidemia por la Organización Mundial de la Salud. A la otra, catalogada informalmente así por los especialistas, el Foro Económico Mundial (WEF) la consideró además una de las tres grandes amenazas para la economía global, a partir de sus consecuencias sobre la salud. Los tiempos del Covid-19, donde la incertidumbre parece ser la única certeza, el futuro pasó a llamarse “nueva normalidad” sin que quede muy claro qué significará eso, y las cuarentenas y el distanciamiento social se presentan como la mejor arma para enfrentarlo, la depresión y la soledad, ya en niveles muy preocupantes, se han disparado con la misma rapidez que el nuevo virus.

Al finalizar la primera semana de aislamiento, una encuesta realizada por Conicet/Ineco/ Universidad Favaloro sobre 10.053 argentinos de 18 a 84 años establecía que un 33% manifestaba alguna condición compatible con una posible depresión. Los expertos advierten sobre el carácter acumulativo de los efectos psicológicos de la pandemia. También sobre la forma en que la salud mental y el estado anímico influyen sobre el sistema inmunológico y sus respuestas.

Para Sandro Galea, profesor en la Universidad de Salud Pública de Boston, ”no hay dudas acerca de la relación entre aislamiento social y empobrecimiento de la salud mental”, y refiere un estudio de 2003, en ocasión de la epidemia de SARS, en el que una porción sustancial de los residentes de Toronto, Canadá, en aislamiento social presentaron síntomas de estrés postraumático y depresión. Días atrás, la revista Time se preguntaba si el Covid-19 estaba empeorando aún más la epidemia de soledad que ya afectaba al país. Según un estudio, antes de la pandemia, un 60% de los estadounidenses decía experimentar algún grado de soledad: sus consecuencias sobre la salud se han asimilado al efecto de fumar 15 cigarrillos por día. Ahora, un trabajo de Social Pro determinó que un tercio, en todos los grupos etarios, se sentía más solo que antes de la llegada del coronavirus. Entre los más afectados figuraba el segmento de 24 a 39 años: el 34% decía padecer esta sensación siempre o frecuentemente, mientras que un 47% lo hacía algunas veces.

Resultados similares se obtuvieron en la misma franja a nivel global. Un trabajo de Salud Mental Joven de Canadá, presentado a principios de año sobre 400 estudiantes de 10 a 20 años, reveló que el 60% sentía no tener a quién recurrir ante un problema emocional o de salud mental. Como señala Jacqueline Leighton, profesora de psicología educacional de la Universidad de Alberta, la irrupción del Covid-19 sólo puede empeorar las cosas. Fuente: Clarín