En 1771, el rey Adolfo Federico de Suecia decidió calmar su estrés político con un enorme banquete real…
Langosta, caviar, carne ahumada, champán… y después el desastre.
El rey tenía una obsesión enfermiza con el “semla”, un postre tradicional sueco relleno de crema.
Aquella noche no se comió uno ni dos. Se comió 14 platos sumergidos en leche caliente.
Horas después, su cuerpo colapsó por completo.
La historia terminó siendo tan absurda que hoy todavía es recordado como “el rey que comió hasta morir”.


















