Aunque puede parecer una escena sacada de una película de terror, la respuesta tiene una explicación estrictamente científica.
En criminalística y tanatología, a este fenómeno lo denominamos purga o exudación cadavérica.
Crimidatos explica los factores que intervienen en este proceso natural:
El proceso de licuefacción: Tras la muerte, el cuerpo comienza un proceso de degradación donde las bacterias internas descomponen los tejidos, transformándolos en líquidos de putrefacción.
La presión de los gases: La actividad bacteriana genera grandes volúmenes de gases. Esta presión interna puede “empujar” los fluidos fuera de las cavidades naturales del cuerpo y, si el féretro no cuenta con un sellado hermético, hacia el exterior.
Factores ambientales: La temperatura, la humedad y la eficacia del embalsamamiento juegan un rol crucial. Un proceso de embalsamamiento deficiente o un clima extremo pueden acelerar la generación de estos fluidos.
Infraestructura: Un sistema de drenaje adecuado en las gavetas es vital. Cuando vemos escurrimientos en el exterior, usualmente es una señal de que el sello del ataúd ha cedido o que el sistema de canalización del panteón requiere mantenimiento.
Como profesionales, entender estos fenómenos es fundamental para la bioseguridad y el manejo correcto de los restos humanos.
La ciencia detrás de la tanatología nos permite comprender y gestionar estos procesos con el respeto y la técnica necesaria.



















