Cuando una persona se acuesta, no solo descansa. También cierra el día . Es el momento en que el alma baja la guardia y el espíritu entra en silencio. Y no todo lo que llega después de eso viene de un buen lugar.
De este modl según Badabun, La Biblia nos enseña que todo tiene su tiempo, y cuando Dios permite que el día termine, insistir en salir puede ser desobedecer una advertencia suave, pero clara.
Muchas tragedias comienzan así: “sal tantito”, “no pasa nada”, “Dios me cuida”. Sí, Dios cuida. Pero también avisa. Y muchas veces lo hace a través del cansancio, de la incomodidad, de esa voz interna que dice: quédate.
No todo llamado es de Dios. No toda invitación es bendición. Hay noches en las que quedarse en casa es un acto de obediencia. Escucha al cuerpo, pero sobre todo escucha al espíritu. Porque cuando Dios ya te mandó a descansar, salir no siempre es valentía… a veces es ignorar Su cuidado.


















