Entre carrozas, drag queens y banderas arcoíris bajo los jacarandás en flor, la Marcha del Orgullo de Buenos Aires fue una fiesta más para muchos. Pero para decenas de personas LGBTQ rusas que se sumaron este año, fue algo completamente distinto: la primera vez viviendo la libertad sin miedo.
“Es la mayor libertad que he visto”, dijo Marat Murzakhanov, joven ruso que llegó escapando de la persecución en su país. Como él, cientos de personas LGBTQ han encontrado en Argentina un destino posible ante la creciente represión impulsada por el gobierno de Vladimir Putin, que en 2023 declaró al “movimiento LGBTQ” como organización extremista.
Tras la invasión a Ucrania, según explica Redes LGBT, miles de rusos huyeron del país. Pero para quienes son gays, lesbianas o trans, muchos destinos cercanos resultaron inseguros o sin protección legal. Europa y Estados Unidos cerraron puertas. Argentina apareció como una alternativa inesperada.
Con matrimonio igualitario, leyes de identidad de género avanzadas y una Constitución que garantiza derechos a personas migrantes, el país se transformó en refugio. Algunos llegaron tras leer la Constitución desde otros continentes. Otros, por redes de apoyo entre exiliados.
“En Rusia me golpearon y humillaron por ser gay”, contó Anton Floretskii, hoy residente en Buenos Aires. En el Orgullo caminaba con una polera que decía: “Mi novio es gay”, algo impensado en su país.
Desde 2022, más de 120 mil rusos han ingresado a Argentina. Entre ellos, una ola menos visible pero constante de personas LGBTQ que buscan asilo político. Organizaciones locales aseguran haber acompañado a miles.
Para muchos, lo más impactante no es solo la ley, sino lo cotidiano: tomarse de la mano, no esconderse, existir sin explicaciones. “A veces aquí me olvido de que soy gay”, dijo una migrante.
Mientras caía el sol en Buenos Aires y amanecía en Moscú, quienes viajaron miles de kilómetros bailaban y se abrazaban. No celebraban solo una marcha. Celebraban algo básico y profundo: vivir en libertad.



















