Durante décadas, muchas personas aseguraron sentir presencias extrañas, incomodidad intensa o miedo repentino dentro de edificios antiguos y aparentemente embrujados.
Ante ello, un grupo de investigadores analizó cómo ciertos sonidos de muy baja frecuencia pueden afectar el cuerpo humano sin que las personas los escuchen conscientemente.
El estudio evaluó a 36 voluntarios expuestos a infrasonidos, vibraciones acústicas extremadamente bajas que están por debajo del rango audible humano.
Aunque los participantes no podían detectar esos sonidos, varios mostraron aumentos de cortisol, la principal hormona relacionada con el estrés.
Además, muchas personas reportaron sentirse más irritadas, incómodas y emocionalmente alteradas después de permanecer expuestas durante varios minutos.
Los investigadores explican que estos infrasonidos pueden originarse en tuberías antiguas, sistemas de ventilación, calderas o estructuras envejecidas.
Eso podría ayudar a entender por qué algunos edificios generan sensaciones extrañas, tensión constante o la impresión de “sentir una presencia”.
El estudio no afirma que los fantasmas existan, pero sí muestra que el cuerpo humano puede reaccionar intensamente a sonidos inaudibles. © Comunidad biológica


















