A muchos les podría sonar como una verdadera pesadilla, pero la verdad es que el método en esta localidad de Rumania para solucionar los problemas maritales era más efectivo que cualquier terapia de parejas.
Por ello, en la época medieval, en la región sajona de Transilvania se practicaba el luteranismo como religión principal y, aunque el divorcio era permitido bajo ciertas circunstancias (como el adulterio, por ejemplo), siempre se prefería que las parejas intentaran salvar su unión, así que tenían un método muy particular para hacerlo. En la iglesia del pueblo de Biertan había un cuarto muy pequeño, apenas más grande que una alacena, donde las parejas en problemas se debían encerrar hasta un máximo de seis semanas para recomponer su relación.
De este modo, en estos cuartos, todo debía compartirse: la cama, la almohada, la sábana, la mesa, la silla e incluso el tenedor para comer, convirtiendo este cuarto en una verdadera prisión marital. Y aunque este plan suene como un verdadero infierno para aquellas parejas que no pueden ni verse la cara, su efectividad fue increíble: en los 300 años en que el obispado se ubicó en Biertan y se aplicó este método, solo una pareja terminó divorciada.



















