Bajo una tormenta feroz, cuando todos buscaban refugio, un padre salió a la intemperie con un solo propósito: sostener un árbol.
No era cualquier árbol. Era el que su hija había plantado antes de morir.
Mientras el viento lo sacudía con fuerza y la lluvia caía sin piedad, él lo abrazaba como si, de alguna manera, también estuviera abrazando a ella. Como si en esas raíces aún viviera su historia, sus risas, su presencia.
A veces el amor no se explica… se siente en estos gestos. En lo invisible. En lo que nadie ve, pero lo cambia todo.
Porque hay vínculos que no se rompen con la ausencia. Se transforman. Y siguen vivos… en un árbol, en un recuerdo, en un acto de amor que desafía cualquier tormenta. ©amora.mente


















