Desde nuestra perspectiva, y tomando como referencias diversos estudios en torno a la salud física, existe consenso en admitir que la masturbación es una conducta normativa y saludable. Cifras actuales muestran que ayuda al 89% de las personas a dormir mejor y reducir la ansiedad, además de aliviar hasta en un 60% los episodios de migraña.
El punto en el que el estímulo visual pasa de ser inocente a dañino, según De machos a hombres, es cuando el impulso por ver pornografía o masturbarse impide que quien lo hace pueda realizar otras actividades cotidianas o interfiera con su funcionalidad. Si en alguna ocasión has faltado al trabajo, al estudio o a algún evento importante; si has interrumpido tu rutina diaria, tus responsabilidades o relaciones, o la masturbación es un escape persistente de los problemas, lo que es un indicio de que requieres atención.
El diagnóstico clínico requiere que este patrón de descontrol persista al menos 6 meses. El 87% de quienes buscan ayuda por conducta sexual compulsiva lo hacen por problemas vinculados a la masturbación, y en hasta el 67% de los casos existe una relación directa con el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención de Hiperactividad).
En casos como los mencionados, hoy se habla de Conducta Sexual Compulsiva (CSC) en lugar de “adicción». Esto suele ser síntoma de un problema con raíces psicológicas distintas como una carencia afectiva, miedo al rechazo, o dificultad para gestionar la soledad; aspectos que se pueden y deben trabajar con un profesional para recuperar el bienestar sexual.
Cuando la práctica se vuelve compulsiva y se usa como único mecanismo de regulación emocional, puede reducir la libido y la satisfacción sexual general a largo plazo. Sin embargo, bajo un enfoque de autocuidado y equilibrio, sigue siendo una herramienta positiva para el descanso y el autoconocimiento.


















