El gobierno ruso mantiene su posición: el matrimonio será reconocido únicamente como la unión entre un hombre y una mujer, respaldado por reformas constitucionales dentro del país.
Desde el poder, se defiende como una forma de proteger valores tradicionales, la familia y la identidad cultural.
Pero a nivel internacional, muchas organizaciones han criticado esta decisión, señalando que puede limitar derechos y excluir a parte de la sociedad.
El debate está más vivo que nunca:
entre tradición y cambio, entre cultura y derechos.


















