En Italia, un empleado público estubo haciendo su trabajo normal. Era recibir documentos, verificar identidades, firmar y pasar al siguiente expediente. Hasta que ese día entró una mujer que no pareció ser una señora, pues llevaba peluca.
La misma portaba maquillaje pesado, uñas postizas, ropa antigua, voz rara, y un comportamiento extraño, como si intentara recordar quién se suponía que era. Allí le pidió renovaral empelado un documento de identidad. Pero algo no cuadraba.
La foto no coincidía, el gesto tampoco. La manera de hablar era extraña. Posterioemente, el empleado llamó a supervisión y ahí se descrubrió todo pues, lmujer no era una señora. Era su hijo. Un hombre de casi 60 años disfrazado de su propia madre muerta.
¿El motivo? Seguir cobrando la pensión de la mujer a tres años después de su fallecimiento. Por eso,cuando la policía revisó su casa, encontraron algo todavía peor pues, el cuerpo irreconocible de la madre, estaba escondido para que nadie reportara su muerte. La estafa había durado años. Por eso, iba al banco disfrazado.
Este hombre, vestidfo de mujer, hacía trámites públicos disfrazado. Cobraba el dinero disfrazado. Todo para no perder la pensión mensual. La investigación ahora incluye suplantación de identidad, fraude, falsificación de documentos… y ocultación de cadáver.
Esta es una historia, según cuenta Badabun, tan absurda que parece inventada, pero pasó, y todo se descubrió por un detalle: la mirada de alguien que simplemente no coincidía.
La mentira siempre exige otro disfraz… y otro más. La verdad, en cambio, no necesita maquillaje. Tarde o temprano, todo sale a la luz.



















