La falta de protocolos inclusivos, la impunidad ante las agresiones y la invisibilización de estas vivencias refuerzan un clima de inseguridad que afecta profundamente el bienestar de las personas trans en el trabajo.
En prevención de riesgos laborales se habla de caídas, de estrés, de exposición a sustancias peligrosas. Se diseccionan los movimientos del cuerpo, se vigilan los tiempos de descanso, se instauran protocolos para evitar accidentes.
Segun redeslgbt, cuando la prevención se ejecuta como una convicción real —y no solo como una exigencia legal—, se instaura la denominada cultura preventiva dentro de la organización. Así, el método de trabajo se vuelve seguro y se cumplen todos los requisitos legales establecidos.
Esto suele traducirse en una disminución de accidentes laborales que aporta bienestar al clima de trabajo, algo tan necesario en una de las dimensiones esenciales de nuestra vida: el día a día laboral.
Aunque la ausencia de una cultura preventiva no solo genera heridas físicas. Existen otras, más invisibles, que también se originan en el lugar de trabajo. Heridas que no sangran, pero duelen. Que no provocan una baja médica inmediata, pero acaban con carreras, vocaciones y con la salud mental de quienes las padecen.
Ser trans en un entorno laboral hostil es, en sí mismo, un riesgo laboral. Y no uno menor. Debe ser considerado dentro del sistema de gestión preventiva de cualquier organización.



















