Cómo la reina más limpia se convirtió en la “reina más sucia” de Europa
La historia a veces es como un teléfono estropeado: un dato mal contado y ¡zas! Una gran reina pasa a la posteridad como la más cochambrosa. Y en nuestro caso, tenemos no una, sino dos protagonistas. Vamos por partes:
Primera sospechosa: Isabel la Católica
La famosa unificadora de España, “la reina católica”, mecenas de Colón.
¿De qué la acusan? Pues se dice que hizo un voto de no lavarse ni cambiarse la ropa interior hasta que su marido Fernando liberara Granada de los moros. ¡Y dicen que eso duró desde unos meses hasta 20 años!
¿La realidad? Totalmente mito. En su época (finales del siglo XV) ya había crónicas detalladas, y ninguno de sus contemporáneos —ni amigos ni enemigos— menciona ni un “voto sucio” ni olor raro. Al contrario: en su corte se valoraba la higiene, y el jabón de Castilla era un producto de exportación.
Segunda sospechosa: Isabel Clara Eugenia
¿Quién es? Gobernante de los Países Bajos españoles, hija del rey Felipe II, lista y con mucho poder. ¡En su brillante corte trabajaba Rubens!
¿Por qué la meten en el salseo? Según el mito, cuando su marido se fue a sitiar Ostende, ella prometió no cambiarse la camisa interior hasta que la ciudad cayese. Resultado: ¡tres años de espera!
¿Es cierto? Pues tampoco. No hay fuentes fiables que lo confirmen.
El lío final: las dos se llamaban Isabel, ambas eran princesas españolas, y poco a poco la historia dudosa de la segunda Isabel se pegó a la más famosa.
¿La razón? Propaganda política. Los ingleses, siempre en guerra con España, difunden estos chismes para mostrar a los monarcas católicos como fanáticos y… digamos, un poquito guarros
Y un extra curioso: el color “isabelino”, ese amarillo pálido, según una versión viene del famoso voto de la camisa de Isabel Clara Eugenia… aunque, claro, hay mil teorías más.



















