“Carol”, una película de amor lésbico

Por Diego Papic. Primera escena de Carol da la impresión de que estamos viendo una película empezada: un hombre se encuentra de casualidad con una conocida en el bar del Ritz a comienzos de los años ’50; la joven está sentada con otra mujer, unos años mayor, y adivinamos que las dos estaban en el medio de una conversación trascendental para sus vidas. La película empieza in medias res, y la interrupción del hombre da por terminada esa charla. Se adivina que ahí termina algo intenso.

Esa escena enigmática marca el tono del resto de la película. Como en la teoría del iceberg de Hemingway, Todd Haynes empieza contando una historia en la que la clave no está expresada. Pronto adivinamos -al comienzo todo es adivinar- que esa primera escena fue un prólogo y que la siguiente ocurre tiempo antes, en el verdadero comienzo de la historia. Carol Aird (extraordinaria Cate Blanchett) es una mujer lesbiana que tiene una hija pequeña y se está separando de su marido. En una tienda conoce Therese Belivet (Rooney Mara, también extraordinaria), una vendedora unos años más joven. A Carol le gusta Therese y Therese, que tiene un novio, siente curiosidad por esa señora atractiva y que parece encararla con decisión y una libertad sorprendente para la época.

Pero nada de esto se “dice”, Haynes nos lo va comunicando con detalles: miradas, roces de una mano que se posa demasiado tiempo sobre otra y diálogos esquivos. Esto es un toque de distinción pero también es central al meollo de la historia: los homosexuales, más aún si eran mujeres, debían ocultarse en los años ’50. Y aunque Carol tiene una actitud bastante abierta y decidida -se va a separar del marido y no le oculta que tiene relaciones con mujeres- todo siempre se hace puertas adentro.

Las lesbianas que vemos son como fantasmas que recorren los bares, las oficinas y las tiendas, a quienes nadie ve realmente salvo nosotros, los espectadores, gracias a la lente que nos coloca enfrente Haynes. El resultado es elegante y singular. Carol es un melodrama menos exacerbado que la sobresaliente Lejos del paraíso y más contundente que la miniserie Mildred Pierce, pero que tiene muchos puntos de contacto con ellas: protagonistas fuertes que deben sobreponerse a la represión social de la época en que les tocó vivir.

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