Aumentan los abusos en México

Migrantes latinoamericanos en Ciudad Juárez (foto: ANSA)

Una reputada organización no gubernamental estadounidense criticó duramente la “política de contención” migratoria que lleva adelante el gobierno mexicano y dijo que ésta ha provocado el aumento en los últimos meses de los abusos contra los extranjeros sin documentos.

“Las políticas que pretenden bloquear o contener la migración no aportan soluciones a nadie, sólo aumentan la vulnerabilidad y el sufrimiento de las personas migrantes”, dijo Stephanie Brewer, directora para México y Derechos de los Migrantes de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (Wola, siglas en inglés).

Las acciones para frenar la migración representan “un riesgo para muchas personas” procedentes sobre todo de Centroamérica y el Caribe, que son víctimas de “abusos, discriminación y condiciones precarias”, expuso.

La actuación del gobierno para parar en seco esta avalancha, a instancias de Estados Unidos, está provocando una verdadera “crisis humanitaria para los migrantes y solicitantes de asilo”, dijo el organismo.

Según una investigación realizada por la ONG, durante una visita que realizó entre febrero y marzo a la ciudad fronteriza sureña de Tapachula, estado de Chiapas, donde sus representantes tuvieron contacto con solicitantes de asilo y autoridades, los migrantes sufren de extorsiones, detenciones y malos tratos de agentes migratorios y de seguridad.

El estudio arrojó que cuando los migrantes logran presentar solicitudes de asilo, deben aguardar “muchos meses” y enfrentar un tortuoso itinerario de obstáculos para obtener la documentación que les permita obtener un empleo.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha defendido férreamente su política de contención bajo el argumento de que la travesía de los migrantes suele ser azarosa y constelada de obstáculos, por lo que su gobierno está obligado a garantizar la integridad de los extranjeros.

La organización civil estadounidense demandó a las autoridades mexicanas adoptar “medidas decisivas” que permitan parar los abusos y la discriminación contra los solicitantes de asilo.

El año pasado, México recibió 130.627 solicitudes de asilo, la tercera cifra más alta en el mundo y sólo hasta abril de este año se contabilizaban 40.000 peticiones.

Para Brewer, “el sistema de asilo del país no fue diseñado con esas cifras en mente” por lo cual se están generando “retrasos y sufrimientos innecesarios”.

Irónicamente, estas circunstancias no han disuadido a los migrantes para dejar de llegar a México con destino a la

“Tierra Prometida” en Estados Unidos, sólo que lo hacen con ayuda de los llamados “polleros” o traficantes de personas, que les cobran grandes cantidades de dinero y los llevan por las rutas más peligrosas.

Además de trasladarlos por el desierto de Altar, en el estado norteño de Sonora, una de las zonas más inhóspitas del mundo, donde con frecuencia los abandonan sin agua ni alimentos ni orientación para ponerse a salvo, los traficantes ahora también optan por rutas marítimas o zonas ribereñas.

Por ejemplo, en las costas del río Bravo en el estado norteño de Tamaulipas, fronterizo con Texas, cada vez más personas son trasladadas de un lado a otro del afluente que marca la línea fronteriza entre México y Estados Unidos para internar en este último país a los migrantes.

Organizaciones civiles mexicanas acusan a López Obrador de hacer “el trabajo sucio” de Estados Unidos, mientras que los analistas en temas internacionales consideran que los gobiernos de América Central ven “con desconfianza” el rol de su gobierno de fomentar una barrera cada vez más fuerte para impedir la avalancha migratoria.

Inclusive, los expertos estiman que, en vez de considerar el tema como un problema social, López Obrador lo trata cada vez más como un tema de “seguridad nacional”, como lo demuestra que en su gira del mes pasado por

Centroamérica se hiciera acompañar por los jefes de las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, el mandatario ha promovido también la solución de las “raíces profundas” de la migración, porque “no podemos sólo estar deteniendo, reteniendo” sino que “hay que atender las causas”.

“La gente no sale por gusto de sus pueblos. No abandona a su familia por gusto, lo hacen por necesidad”, indicó. (ANSA).