Los Davidianos y la Masacre de Waco

Los Davidianos Adventistas del Séptimo Día, también conocidos como los Davidianos o vara del pastor es un movimiento protestante surgida de los Adventistas del Séptimo Día. Los Davidianos se caracterizaron por su desconfianza hacia el mundo exterior al cual veían como una amenaza sin embargo son personas comunes pero muy peculiares y sinceras, visten de una manera conservadora, y siempre están tratando de llevar todo en el orden literal bíblico en cuanto a creencia y práctica se refiere, las damas regularmente se cubren su cabeza al momento de entrar en un momento de adoración, no importando el lugar o las circunstancias, usualmente oran de rodilla en los momentos de adoración y practican el vegetarianismo, a menudo se les hace llamar como secta y confundirlos con la rama davidiana de David Koresh, que dicho grupo a raíz de las enseñanzas de su líder se motivaron para acaparar un gran arsenal de armas de fuego. Dicho motivo fue excusa para que se llevara a cabo la Masacre de Waco

Los davidianos son un grupo disidente de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. En los años 1930, Victor Houteff se autoproclamó el nuevo profeta de Dios para la iglesia adventista. El nombre del grupo es los Adventistas Davidianos del Séptimo Día. En 1959, una parte de este grupo formó la llamada Rama Davidiana de Adventistas del Séptimo Día pero que no tienen nada que ver con los verdaderos davidianos, liderada inicialmente por Ben Roden. El grupo se estableció en las afueras de Texas. El liderazgo y la ocupación de la propiedad habían ocasionado conflictos entre los davidianos antes de que Vernon Howell tomara cargo en 1990 tras un tiroteo con George Roden, a quien le correspondía el puesto. Cuando Howell tomó el control del grupo, cambió su propio nombre por el de David Koresh, evocando los reyes bíblicos David y Ciro. El grupo, apocalìptico, consideraba que vivía en un momento en que las profecías cristianas del juicio final estaban por llegar. Koresh apoyaba sus creencias con interpretación bíblica detallada, interpretando todo el contenido de la Biblia a través del Apocalipsis. Howell, autoproclamado como la reencarnación de Cristo tenía, como tal, acceso a placeres vetados para los demás miembros, como las jóvenes adolescentes y la buena comida.

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En 1983, Koresh empezó a afirmar que había recibido el don de la profecía.  Se especula que Koresh habría iniciado una relación sexual con Lois Roden, la profetisa y líder de la secta que tenía 76 años para entonces. Koresh justificó su relación al sostener que Dios lo había elegido para engendrar un hijo con ella, quien se convertiría en el elegido permitió a Koresh comenzar a enseñar su propio mensaje, lo que originó controversia en el grupo. El hijo de Lois Roden, George Roden, pretendía ser el próximo líder del grupo y consideró que su posición de liderazgo estaba amenazada por Koresh. Ofendido por la relación de Koresh con su anciana madre, presentó una demanda en una corte federal en que alegaba que Koresh había violado a Lois y le había lavado el cerebro al volverla en su contra. Koresh se casó entonces con  Rachel Jones (14 años), hija de uno de los dirigentes de la misma y al que arrinconó enseguida, sustituyéndolo en la cima jerárquica. De todas partes llegaban nuevos adeptos ganados por la persuasiva doctrina de un David Koresh que, al fin y al cabo miembro de una sociedad como la estadounidense, estaba armado hasta los dientes dentro de lo que sería su gran mausoleo en Waco. Previamente había efectuado compras de armas por valor de más de 250.000 dólares, según él para estar preparados llegado el momento del acoso del «Mal».

Koresh afirmaba haber desbloqueado los Siete Sellos en el Libro del Apocalipsis, que son los pasajes que contienen una serie de símbolos cuyo significado ha sido buscado por los estudiosos de la Biblia durante siglos. En general, se supone que los Siete Sellos que auguran acontecimientos que conducirán al apocalipsis. Las enseñanzas establecían que las “bodas espirituales” se llevarían a cabo entre Koresh y cualquier seguidora con la que él sintiera que Dios le había ordenado ir a la cama; lo que incluyó a niñas menores de edad y a mujeres legalmente casadas. Los hombres debían mantener el celibato. La mayoría de los seguidores siguieron esta orden como una prueba de su fe. Algunos se negaron a participar y salieron del grupo davidiano. David podría tener cualquier mujer que Dios le diera, comentó alguna vez Clive Doyle, uno de los sobrevivientes de Waco. Otra mujer que Dios le dijo a Koresh que podía tener era la superestrella Madonna, la reina del pop. Según Koresh, Dios le había mencionado algo más: Que la gente en el complejo davidiano debía empezar a construir un “Ejército de Dios”, recuerda Doyle. Un día el mundo acabaría. Ellos sabían cuándo sería el final, y todos los no creyentes no entrarían al reino glorioso al que irían los miembros de la Rama de los Davidianos, predicaba Koresh.

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Con diferentes mujeres, Koresh llegó a tener más de quince hijos, trece de los cuales murieron en el incendio de Monte Carmelo y por cuyos derechos sigue luchando su abuela, Bonnie Haldeman. Pero, en 1992, el desprogramador Rick Ross denunció que Koresh no sólo seducía a las mujeres de la comunidad sino que abusaba sexualmente de los niños -una denuncia que nunca fue demostrada-. En el rancho de Monte Carmelo se compraban armas legales para convertirlas en automáticas, es decir, ilegales, ya que Koresh carecía de la autorización respectiva. Así, la Rama Davidiana comenzó a ser vigilada cercanamente por los servicios sociales texanos, quienes eventualmente decidiron no iniciar acciones legales contra Koresh u otros miembros de su movimiento.

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Con diferentes mujeres, Koresh llegó a tener más de quince hijos, trece de los cuales murieron en el incendio de Monte Carmelo y por cuyos derechos sigue luchando su abuela, Bonnie Haldeman. Pero, en 1992, el desprogramador Rick Ross denunció que Koresh no sólo seducía a las mujeres de la comunidad sino que abusaba sexualmente de los niños -una denuncia que nunca fue demostrada-. En el rancho de Monte Carmelo se compraban armas legales para convertirlas en automáticas, es decir, ilegales, ya que Koresh carecía de la autorización respectiva. Así, la Rama Davidiana comenzó a ser vigilada cercanamente por los servicios sociales texanos, quienes eventualmente decidiron no iniciar acciones legales contra Koresh u otros miembros de su movimiento. Pero, a comienzos de 1993, la historia llegó a oídos de la Oficina de Tabaco, Armas y Alcohol (ATF), cuyos responsables decidieron intervenir, el 28 de febrero del mismo año, sin muchos miramientos. Las autoridades, tardíamente preocupadas por el cariz que tomaba el asunto, decidieron pasar a la acción, acusando a los davidianos de tenencia masiva de armas y de abusos sexuales para con los niños que mantenían a su lado. Recibidos a tiros, los agentes contestaron de igual manera, produciéndose entonces un primer balance de cuatro agentes muertos y una decena de sectarios abatidos. La cuenta atrás empezaría a ponerse en marcha desde aquel día premonitorio.

Las túnicas anaranjadas que vestían sus seguidores serían, durante los siguientes 51 días, blancos perfectos para los prismáticos de los que los cercaban, y también, para efectuar los primeros disparos, que al final acabarían siendo continuos, y que eran respondidos por los asediados utilizando el arsenal que guardaban entre aquellas paredes. Durante esos largos días, murieron miembros de los federales y también de los davidianos, en un goteo de víctimas que preparaba la gran hoguera final. De vez en cuando se conseguía un alto el fuego para una nueva mediación que diera lugar a una salida airosa al conflicto, sin resultado alguno. Pero los asaltantes no sólo utilizaban las armas mortíferas reales (sin hacer ascos, por cierto, a la utilización de gases prohibidos por todas las legislaciones y que eran arrojados al interior del rancho), sino que recurrieron a una guerra sucia. Para ello no dudaron en, por ejemplo, cortarles la luz, el agua y la llegada de alimentos, al tiempo que, llegada la noche, potentes reflectores barrían las ventanas del rancho, para impedir el más mínimo descanso de los sitiados. Como guinda de aquella batalla terrible, potentes altavoces difundían música rockera a todo volumen. Pero junto a esta parafernalia sicodélica y enloquecedora, algo se echaba de menos. Algo, teóricamente, muy importante: la presencia allí de bomberos y ambulancias, necesarios siempre en una situación a punto de estallar. Unos y otras eran invisibles incluso en los tensos momentos que precedieron al final.

Un 19 de abril (de 1993) se produjo, en un rancho del estado de Texas, la Masacre de Waco. En ella fallecieron de forma trágica 76 miembros de la secta de los Davidianos  (21 de ellos niños). Koresh logró convencer a sus fieles para que se inmolaran. Dos agentes de la policía federal vieron a través de las miras telescópicas de sus rifles cómo dos sectarios desataban el incendio en dos extremos del rancho. El 20 de abril se decidió realizar un asalto en el que se utilizó una descompensada fuerza de ataque por parte de los miembros de la agencia federal. Este ataque provocó múltiples explosiones y un gran incendio que tendría unas trágicas y fatales consecuencias, pasando a ser recordado este triste hecho como la masacre de Waco. Sentaos y esperad sencillamente hasta ver a Dios’, decía Koresh a sus seguidores mientras las llamas devoraban las estancias. La tragedia se inició a las 5:30 de la mañana, tras la notificación telefónica por parte del FBI a Koresh del inminente asalto del complejo, exigiendo su rendición inmediata. Media hora después, al no recibir respuesta, se moviliza un tanque M-728 hacia el extremo oeste del complejo, que perfora las paredes y arroja gases lacrimógenos en su interior.

Los davidianos responden disparando, pero los agentes no contestan al fuego. Tras unas horas se producen tres explosiones a las que sigue un incendio. A las 12:08 del mediodía el humo empieza a salir del rancho del Apocalipsis. En menos de una hora, el fuego está fuera de control. Las cámaras de televisión, a tan solo un kilómetro y medio de distancia, retransmiten en directo los atroces acontecimientos. Los bomberos tardan tres cuartos de hora en llegar. Más tarde justificarían su tardanza alegando que no se encontraban de retén junto al rancho, insistiendo en que nada podrían haber hecho en caso de hallarse presentes, dado que no tenían suministro directo de agua. Las autoridades habían cortado el suministro hacía semanas a fin de forzar la salida de los davidianos. El FBI argumentaría, además, que a estos profesionales no se les pagaba para apagar incendios cuando podían ser alcanzados por disparos de ametralladoras de 50 milímetros.

Solo siete hombres y una mujer lograron sobrevivir. Los forenses que trabajaron en la identificación de los cuerpos calcinados rescatados creyeron haber dado con el cuerpo de Koresh. Un tiro en la cabeza indicaba que podía haberse tratado de un suicidio o bien que había sido ajusticiado por uno de sus fieles. El agente del FBI a cargo de la operación, Bob Ricks, se apresuró a testimoniar que el plan consistía en obligar a los davidianos a salir del complejo, y que en dos horas ello hubiese sido posible. Lo cierto es que el Gobierno Clinton había perdido la paciencia y que el presidente había aprobado el domingo anterior, día 18, el plan del asalto presentado por la ministra de justicia Janet Reno. El trágico desenlace conmovió a la opinión pública internacional y el presidente Clinton se vio obligado a asumir la responsabilidad del trágico final del suceso, cuyo desenlace erosionaría su presidencia indefectiblemente.