No siempre se trata de “besar bien” o “besar mal”. La ciencia dice que podría haber algo mucho más profundo detrás: la compatibilidad genética.
Estudios como el famoso experimento de Claus Wedekind, en la Universidad de Berna, muestran que solemos sentir más atracción por personas con genes del sistema inmune diferentes a los nuestros.
¿La razón? Esa diversidad genética ayuda a que la descendencia tenga mejores defensas, y nuestro cuerpo lo detecta de manera inconsciente.
Durante un beso el olfato, el gusto y hasta los compuestos de la saliva ayudan a “leer” esa compatibilidad.
Incluso se sabe que en solo 10 segundos se pueden intercambiar hasta 80 millones de bacterias.
Si el microbioma de la otra persona armoniza con el tuyo, hay más chances de sentir conexión; si no, puede aparecer cierto rechazo biológico. Todo esto ocurre sin que lo notes: tu cerebro analiza señales químicas y, si la compatibilidad es alta, libera dopamina, oxitocina y serotonina.



















