La cremación es un proceso técnico y controlado que utiliza altas temperaturas para reducir los restos humanos a fragmentos óseos básicos. Aunque a menudo se habla de “cenizas”, lo que queda al final son principalmente sales minerales y fosfatos de calcio.
El proceso ocurre dentro de un horno crematorio o retorta, un equipo industrial revestido con ladrillos refractarios capaces de soportar el choque térmico.
• Temperatura: El horno se precalienta entre 760°C y 980°C.
• Combustión: Se utiliza gas natural o propano. El calor extremo vaporiza los tejidos blandos y quema los gases orgánicos a través de un sistema de post-combustión para evitar humos y olores.
El cuerpo se expone a llamas directas. El proceso suele durar entre 90 minutos y 3 horas, dependiendo del tamaño y la composición corporal. Durante este tiempo:
1. El agua del cuerpo se evapora.
2. Los tejidos blandos se consumen y se transforman en gases.
3. Lo que permanece al final son los fragmentos óseos (el esqueleto).
Los fragmentos óseos recuperados no son polvo fino, sino piezas granuladas. Para obtener la textura de “ceniza” que conocemos, los restos pasan por un cremulador: una máquina con cuchillas de alta velocidad que procesa los fragmentos hasta convertirlos en un grano uniforme y fino. © Crimidatos

















