Freddie Mercury dejó una herencia emocional y financiera muy profunda a Mary Austin, quien fue una de las personas más importantes de su vida. Según su testamento, una parte significativa de sus bienes y derechos de autor fueron destinados a ella, una prueba clara del vínculo personal y afectivo entre los dos.
Mary Austin, que conoció a Freddie en 1969, vivió con él una relación intensa: se comprometieron, aunque después siguieron caminos diferentes románticamente. Incluso después de la separación, mantuvieron una amistad muy cercana, y Freddie la llamaba “mi esposa de hecho” (o “mi esposa sin papeles”).
En el testamento, Freddie le dejó a Mary su mansión en Londres, Garden Lodge, así como la mitad de su fortuna y su participación en los derechos de autor sobre las canciones de Queen. Con el fallecimiento de los padres de él, parte de sus dividendos adicionales también terminaron revirtiendo en Mary, aumentando su participación.
Además, Freddie le confió a Mary algo aún más personal: sus cenizas. De acuerdo con diversas fuentes, ella es la única que sabría el lugar exacto donde están guardadas, algo que refuerza la profundidad de la confianza entre ellos.
Para Freddie, Mary representaba mucho más que un amor del pasado: era una presencia constante, leal hasta el final. Incluso sin un lazo matrimonial formal, él creía que si las circunstancias hubieran sido otras, ella habría sido su esposa. Y, a su modo, lo es hasta hoy: en la herencia, en la memoria y en el corazón de sus fans.


















