Los prólogos de Aldo Manucio, en español

(ANSA) – ROMA 24 FEB – Humanista, impresor y sobre todo editor, Aldo Manucio -el creador del formato del libro de bolsillo y la tipografía itálica- rescató y editó desde sus talleres venecianos decenas de obras clásicas en pleno Renacimiento, dejando una huella perdurable incluso en la moderna industria editorial.

Manucio había nacido a mediados del siglo XV en Bassiano, por entonces parte de los Estados Pontificios, y fue educado en latín y griego. En 1490 se estableció en Venecia, donde dio vida a las primeras ediciones de la imprenta aldina, con ayuda de estudiosos griegos y expertos en la composición de textos en aquellas entonces pioneras imprentas de tipos móviles.

Anticipándose varios siglos a las teorías contemporáneas del “lector in fabula”, editó más de un centenar de trabajos literarios, filosóficos y científicos de autores como Aristóteles, Platón, Horacio, Virgilio, Tucídides o Sófocles.

Para gran parte de ellos, escribió textos introductorios donde define su tarea como editor, se dirige directamente al lector e incluye desde consejos hasta advertencias: se trata de las cartas prologales ahora reunidas por el sello Ampersand en “De re impressoria. Cartas prologales del primer editor”, con introducción de Tiziana Plebani y selección, traducción y notas de Ana Mosqueda.

Como apunta Plebani en la introducción, “un eje central del pacto con el lector fue, sin duda, el conjunto de prefacios y advertencias que Aldo insertó en la mayoría de las ediciones que salieron de su taller, especialmente en aquellas que caracterizaban su proyecto editorial; de este modo inventó una nueva y peculiar cercanía y conversación con los lectores”.

Entre sus muchas innovaciones, destaca a su vez Ana Mosqueda, “es posible agregar que con Manucio la estética de la página comenzó a pensarse por su valor artístico y por su legilibilidad y que con el formato de bolsillo Aldo instaura nuevos modos de lectura, ya no mediada por el aparato crítico, y practicable en circunstancias antes impensables, como viajes y paseos.

Además, por considerar el libro como instrumento y objeto, creó nuevos dispositivos para la lectura: signos de puntuación, número de páginas, índices, etcétera. Algunos de ellos ya existían, ciertamente, pero nadie antes de Aldo los aplicó y experimentó con igual sistematicidad en el libro impreso.

La edición incluye un glosario de los términos empleados por Manucio en sus impresiones y ediciones, prueba tangible de aquella cultura del Renacimiento que sigue teniendo ecos hasta la actualidad. (ANSA).