Laura y Cristina lo saben: mujeres, negros, indígenas o el colectivo LGTBIQ+ recuerdan los cuatro años del patriarca ultraderechista y temen una regresión en derechos y políticas públicas.
Queerioca, segùn expresa Redes LGBT, está en Rio de Janeiro, y es un centro cultural convertido en epicentro de la comunidad LGTBIQ+ carioca. En este espacio, las actrices Laura Castro y Cristina Flores disimulan sus nervios lo mejor que pueden. Son pareja y madres de cuatro hijos: «Trabajamos felices, pero con un ojo puesto en las encuestas, pensando que lo absurdo, lo imposible, lo inimaginable podría suceder», comentan.
Pusieron en marcha el centro como punto de encuentro para la comunidad LGBTQ+, donde se organizan presentaciones de libros, exposiciones, debates, ciclos de cine y animadas fiestas de *ballroom*. La inauguración de la nueva sede tuvo lugar hace unos días, coincidiendo con la marcha nacional trans y travesti y con una fuerte presencia de representantes políticos de la comunidad LGBTQ+. Para las impulsoras, el compromiso político es inevitable: «Estos días comentábamos que, si gana Flávio [Bolsonaro, el candidato de extrema derecha], nuestra responsabilidad será aún mayor. Tenemos una casa de resistencia. Pase lo que pase, esta casa tendrá que seguir existiendo», afirma Castro.
Hasta hace pocola casa era un burdel. En la planta superior hay un colchón y un pequeño baño con ducha que las nuevas propietarias ponen ahora a disposición de residencias artísticas. «Si hace falta, la convertiremos en un búnker», dice Flores, entre broma y verdad.










