Julio Pérez Silva “El psicópata de Alto Hospicio”

Julio Pérez Silva (1963) es un asesino en serie chileno, actualmente condenado a presidio perpetuo por violación y homicidio de catorce mujeres, además de un homicidio frustrado. Cometió sus crímenes en la Región de Tarapacá, específicamente en la ciudad de Iquique y en la localidad de Alto Hospicio, en Chile.

Su modus operandi siempre fue el mismo. Trabajando como taxista clandestino, interceptaba jóvenes estudiantes a las cuales ofrecía transportarlas gratis para posteriormente llevarlas a algún sitio eriazo, violarlas y asesinarlas mediante golpes en la cabeza. Posteriormente, arrojaba los cuerpos (con o sin vida) en profundos piques mineros abandonados.

Pasó la mayor parte de su infancia entre las calles de Puchuncaví, quienes le conocían en el colegio donde estudió, coinciden en que se trataba de un alumno tranquilo, callado e introvertido.

Se casó a los veintidós años con Mónica Cisternas, y tuvieron dos hijas. Luego, convivió cinco años con Marianela Vergara, quien ya tenía otras dos hijas. Con ella regresó a Puchuncaví y cosechó fama de buen esposo.

A mediados de los años ’90 emigró a Iquique buscando mejores oportunidades de trabajo. Comenzó cargando sacos de sal. En una fiesta conoció a Nancy Boero, catorce años mayor que él y madre de seis hijos. A las dos semanas ya vivían juntos y luego se establecieron en Alto Hospicio, en un sector conocido como «La Negra». Más tarde se cambiarían a «Autoconstrucción», otro sector de la localidad.

Al poco tiempo, dejó su trabajo para iniciarse como taxista en forma ilegal. Fue entonces cuando comenzó su seguidilla de crímenes, todos de similares características.

El 16 de septiembre de 1998 recogió en la costanera de Iquique a Graciela Montserrat Saravia, de 17 años. Según su confesión, él le ofreció dinero a cambio de sexo. Sin embargo, la verdadera intención de esta joven era robarle. Cuando él se percató de esto, la golpeó hasta matarla y la abandonó en una playa.

El 24 de noviembre de 1999 mientras conducía en Alto Hospicio, le ofreció a Macarena Sánchez, de 14 años, acercarla en su auto hasta el liceo. Luego de amenazarla con un cuchillo y violarla, le amarró las manos arrojándola al interior del Pique Huantajaya acabando con su vida.

En febrero del 2000 atacó dos veces en menos de una semana; la primera fue Sara Gómez el 21 de febrero, apenas 2 días después el encontró a Angélica Lay, una promotora de teléfonos celulares de 23 años, ambas fueron asesinadas en medio del desierto.

El jueves 23 de marzo del mismo año, exactamente un mes después del cuarto asesinato, ultrajó y asesinó a la joven Laura Zola, de 14 años, y, al igual que Macarena Sánchez, esta fue violada y asesinada en Huantajaya.

Luego, el 5 de abril, atacó a Katherine Arce, a quien violó y asesinó como a Angélica Lay, luego enterró su cuerpo en un basural clandestino.

El 22 de mayo, Patricia Palma, de 17 años salió del liceo rumbo a su casa. Fue en ése momento cuando la raptó para luego violarla y matarla; dejando su cuerpo en Huantajaya junto con los cadáveres de Macarena Sánchez y Laura Zola.

Once días más tarde volvió a atacar. Violó y asesinó a Macarena Montecinos en el sector de «Pampa El Molle», quien corrió la misma mala suerte que Angélica Lay y Katherine Arce. La misma desgracia corrió Viviana Garay, de 15 años el 2 de julio, la interceptó, violó y asesinó de un golpe en la cabeza.

Durante todo ese tiempo, la misteriosa desaparición de tantas jóvenes de Alto Hospicio alcanzó cobertura nacional. Sin embargo, las autoridades de ésa época y la policía aseguraban que lo más probable es que se tratase de jóvenes que habrían huído de sus hogares para escapar de la pobreza en que vivían, probablemente emigrando hacia Tacna o Bolivia. Hubo gente incluso que sugirió que las jóvenes probablemente se habrían vinculado con la prostitución. Éste hecho desvió aún más la atención del verdadero motivo de las desapariciones.

Sin embargo, la desaparición de Viviana Garay generó una reacción totalmente inesperada. El padre de la niña, Orlando Garay, movilizó a las demás familias afectadas. Sólo entonces el hecho se convirtió en noticia, por lo que los crímenes se detuvieron brevemente.

Orlando Garay, padre de Viviana Garay, comenzó a luchar por la verdad y derribar las especulaciones de las autoridades y la policía del escape de las jóvenes hacia países vecinos, fue así que vendió su bote de pescador y reunió a las familias de otras jóvenes desaparecidas para buscar respuestas. El 18 de julio de 2000 encontró la mochila y ropa de Viviana en un basural al que, según sus familiares y amigos, nunca iba; ese mismo día, en otro vertedero, los vecinos encontraron la mochila y el uniforme de Katherine Arce. El 20 de julio, Inés Valdivia, madre de Patricia Palma, distinguió en una quebrada la ropa interior de su hija. Fue así como familiares, amigos y vecinos buscaron a las jóvenes acercándose a la respuesta.

El 17 de abril del 2001 volvió a atacar, en el sector de la «Autoconstrucción» interceptó a una menor de 16 años identificada como Bárbara, la amenazó con un cuchillo y la violó, pero no logró asesinarla. Él la interceptó y atacó del mismo modo que hizo con las otras víctimas, la diferencia fue que le confesó ser el autor de los crímenes; tras ello la golpeó con una piedra en la cabeza y cuando creyó que estaba muerta, se fue. La joven sobreviviente del ataque en la cabeza logró pedir ayuda y denunciar el hecho. Ése mismo día fue detenido por sospecha de violación, descubierto en un control vehicular con el pelo corto y teñido, se logró dar con él por detalles en el vehículo.

La víctima fue llevada al hospital, donde le extrajeron muestras de semen del agresor, que nunca pudo ver en la oscuridad, cuando lo detuvieron, ella reconoció su voz. Compararon las muestras de ADN y resultaron idénticas.

Luego de varios meses, confesó sus crímenes. Actualmente es vigilado las 24 horas y sometido a control del sueño, luego de que en una ocasión intentó suicidarse en su celda con un cordón de zapatos enrollado a un cepillo de dientes.

Hasta ahora, han surgido nombres de otras cinco jóvenes y mujeres adultas desaparecidas en la zona de Alto Hospicio entre abril de 1999 y agosto del 2001. Sin embargo, asegura no saber nada de ellas.

Hasta la fecha se encuentra cumpliendo condena decretada en el año 2004 por homicidio y homicidio frustrado de cadena perpetua (40 años) con derecho de optar a beneficios. Ésta es la pena más alta en el Derecho Chileno.