La ‘Mujer Araña’, de víctima de maltrato a asesina en serie de puteríos: “volvería a matar”

Si hay una película que marcó a la sociedad años atrás fue Monster , interpretada magistralmente por Charlize Theron y que narra la vida de la asesina en serie Aileen Carol Wuornos, bautizada por las autoridades como la ‘Mujer Araña’ por su enfermiza aversión a los hombres y su gusto por vestir prendas de cuero negro.

Sobre ella pesa la muerte de siete hombres. Se trataba de clientes (puteros) con los que mantenía relaciones sexuales mientras ejercía la prostitución y a los que mató a tiros después de torturarlos. “Se lo merecía, lo siento por sus familiares, pero lo que hice fue defenderme”, detalló sin dar muestras de arrepentimiento en el documental de 1992, Aileen Wuornos: The Selling of a Serial Killer. Según parece, todo lo hizo en defensa propia y bajo mandato divino.

Violencia en los genes

Desde su nacimiento el 29 de febrero de 1956 en Rochester (Michigan, Estados Unidos), la vida de Aileen Carol Pittman -su verdadero nombre- fue una auténtica pesadilla. Con quince años, su madre, Diane Wuornos, se casa con Leo Arthur Pittman, un presunto pederasta psicópata buscado por la policía.

Durante los apenas dos años de matrimonio tienen dos hijos: Aileen y su hermano mayor Keith. Por suerte y poco antes de que la niña naciese, el padre los abandona. Sin embargo, Diane no puede hacerse cargo de los niños y decide dejárselos a sus padres. Los abuelos maternos, Lauri y Britta Wuornos, adoptan a los pequeños en 1960.

Pero el soñado hogar que buscaban jamás llegó. Por un lado, tienen que soportar a una abuela alcohólica, violenta y estricta y, por otro, a un abuelo pedófilo que empieza a abusar sexualmente de Aileen. Discusiones, accidentes, peleas y palizas eran un continuo en el seno de una familia donde el cariño era nulo. Uno de aquellos episodios le dejó marcada la cara. Su abuela le había quemado la piel con un líquido inflamable.

El único refugio que la pequeña Aileen encontró fueron los brazos de un hombre mucho mayor que ella y del que se quedó embarazada a la edad de quince años. Tras el parto el recién nacido fue entregado en adopción en un hogar de Detroit.

Poco tiempo después, los hermanos deciden abandonar la casa de sus abuelos. Aileen emprende una etapa de viajes por todo el país en busca de trabajo. Finalmente, acaba ejerciendo la prostitución y sufriendo los supuestos y frecuentes maltratos por parte de sus clientes.

Aquella niña frágil y temerosa que huía de los altercados familiares acaba convirtiéndose en un ser salvaje, con mala conducta y muy violento. Algunos aseguran que fue víctima de su pasado, pero lo cierto es que, en 1974 y bajo el alias de Sandra Ketsch, Aileen fue detenida y encarcelada por conducir bajo los efectos del alcohol y disparar una pistola calibre 22 desde un coche en marcha.

Desde ese momento, los arrestos fueron continuos y por motivos de lo más variopintos. En 1976 golpea la cabeza de un camarero con una bola de billar; en 1981 perpetra un robo a mano armada en una tienda de Edgewater (Florida) y la condenan a trece meses de prisión; en mayo de 1984 falsifica cheques e intenta cobrarlos en un banco de Key West.

Sus entradas y salidas de la cárcel -por robo de vehículos, resistencia a la autoridad, obstrucción a la justicia, amenazas con arma de fuego, conducción sin carné, etcétera- eran constantes. Pero a finales de 1986 todo cambia para Aileen. Conoce al que sería el amor de su vida en un bar gay de Daytona. La joven Tyria Jolenne Moore se convierte en su amante y comienza así una relación tormentosa.

Una vida de criminalidad

El carácter autodestructivo de Aileen encontró su equilibro con Tyria. A pesar de su adicción a las drogas y al alcohol, la pareja emprendió una serie de andanzas delictivas que se fueron multiplicando con el paso del tiempo y siempre bajo nombres falsos.

En 1989, la ‘Mujer Araña’ estaba en su máximo apogeo en cuanto a carácter agresivo e irritable. Siempre acompañada de su compañera sentimental y con una pistola en el bolso, recorría moteles y bares de carretera frecuentados por camioneros. Cannonball, el dueño del bar The Last Resort, explicó sobre aquella mujer: “Odiaba a los chicos. Aunque eso era asunto suyo. Tenía la boca terriblemente sucia, pero no le hacíamos caso”.

Aquella animadversión hacia el sexo masculino alcanzó su punto álgido el 30 de noviembre de ese mismo año cuando un electricista, Richard Mallory, de cincuenta y un años, aficionado al alcohol y a las prostitutas, desapareció. Su coche fue encontrado a la mañana siguiente con todos sus efectos personales, una botella de vodka vacía y varios condones.

Unas horas después, unos jóvenes descubrieron su cadáver en los bosques cercanos a Daytona Beach envuelto en una alfombra. Le habían disparado tres veces en el pecho con una pistola calibre 22, la misma que siempre portaba Aileen en sus viajes. Pero sin pistas, no había investigación.

El caso fue archivado hasta que un año más tarde, el 1 de junio de 1990, hallaron los restos de otro hombre asesinado de seis disparos. El cuerpo de David Spears apareció en los bosques del condado de Citrus y el arma del homicidio era del mismo calibre. Mientras los forenses efectuaban la identificación, se halló un tercer cadáver con nueve impactos. Era un varón de cuarenta años. Sólo habían transcurrido cinco días desde el segundo crimen.

El cuarto asesinato se produjo el 4 de julio cuando Peter Siems, de sesenta y cinco años, desapareció durante un viaje de Florida a Arkansas. Algunos testigos aseguraron que subió a dos mujeres que estaban haciendo autostop, una rubia y otra de pelo castaño oscuro. La primera estaba herida y, cuando hallaron el coche un mes más tarde, lograron obtener sus huellas. Gracias a dichos testimonios se procedió a difundir los retratos robot. Sin embargo, nadie daba con las asesinas.

A la caza

Durante el siguiente año aparecieron seis víctimas más: hombres de mediana edad, tiroteados en el pecho y abandonados cerca de alguna carretera secundaria o camino. En las escenas de todos los crímenes siempre aparecía lo mismo: casquillos de una pistola de calibre 22, preservativos y señales claras de robo.

Una nueva toma de declaraciones a los testigos hizo posible mejorar los retratos de esta pareja de asesinas hasta reconocerlas e identificarlas por sus verdaderos nombres. Las caras de Aileen y Tyria aparecieron en todos los medios de comunicación. Era cuestión de tiempo dar con ellas. Aunque sobre todo ayudó que estuviesen vendiendo varios objetos de valor de las víctimas en casas de empeño de todo el país.

Esto provocó que en enero de 1991 la policía diese con las señas de Tyria y la acusase de robar un vehículo. Ante la presión policial, la joven prefirió entregar a su por aquel entonces examante (las continuas peleas derivaron en una fuerte disputa previa que terminó con la relación). Ésta confesó que fue coaccionada por su compañera para robar y matar a varios hombres.

Así fue como dieron con el paradero de Aileen Wuornos. Durmiendo dentro de un coche, ebria, en el aparcamiento del famoso The Last Resort. Tal era el grado de embriaguez de esta asesina que creyó que la estaban deteniendo por un delito cometido cinco años atrás.

Durante el interrogatorio Aileen, reconoció haber matado a esas seis personas. “Cuando disparaba una bala tras otra sobre aquellos pobres hombres, estaba matando a su padre una y otra vez”, explicó el oficial que la arrestó, el capitán Steve Binegar. Sin embargo, la detenida confesó durante el juicio que cometió dichos asesinatos en defensa propia porque la estaban atacando sexualmente mientras ejercía la prostitución. Que fueron ellos los que la eligieron para “aprovecharse” de ella, y no al revés.

A pesar de que se cometieron errores durante el procesamiento -falta de pruebas, testimonios contradictorios que argumentaban que la primera víctima en realidad había amenazado con violar a otras mujeres y el puritanismo del jurado ante la condición de lesbiana de la acusada-, Aileen Wuornos no se libró de la cárcel. Tampoco ayudó que Tyria la señalase como la única responsable de los crímenes.

El 27 de enero de 1992 fue declarada culpable de homicidio en primer grado y el 30 de enero sentenciada a la pena de muerte. Tras el veredicto, la ya condenada gritó enfurecida: “¡Fui violada. Espero que los violen, basura de América!”.

Durante su estancia en una prisión de Florida a la espera de la ejecución, Aileen acusó a algunas celadoras de abusos físicos y sexuales y concedió polémicas entrevistas. El 9 de octubre de 2002 se procedió a la inyección letal y sus últimas palabras fueron: “Sólo quiero decir que estoy navegando en el Rock y que voy a volver con Jesús, el 6 de junio, como en la película Indepenence Day, en una enorme nave nodriza y todo eso. Volveré”. Fuente: La Vanguardia.